lunes, 25 de enero de 2010

Sensible como un vegetal

Estamos acostumbrados a la dramática y mal empleada expresión "permanece en estado vegetal" para referirnos a las personas sin ninguna reacción a estímulos e incapaces de ejercer sus funciones motoras de manera consciente. Muchos piensan que el estado vegetal o vegetativo implica un abandono total de las funciones vitales y que aquellas personas en esta condición no saben, oyen, ni entienden ¡Gran equivocación!, y sobre esto, ya hace varios años el arriesgado director de cine Pedro Almodovar le dio una sacudida al imaginario colectivo con la película "Hable con ella", en la cual la vida se hace presente de manera constante en medio del aparente abandono sensible en el que habitan dos mujeres en estado de coma.

Bien, así como las personas en estado vegetativo SI sienten, pues su cerebro funciona, así mismo sucede con las plantas, seres tan sensibles como los animales, incluyendo los humanos, y tan inteligentes como las otras especies naturales.

-Las "plantas no son estáticas ni son tontas", afirma Monika Hilker del Instituto de Biología de la Universidad Libre de Berlín. "Responden a estímulos táctiles, reconocen diferentes longitudes de onda lumínica, escuchan las señales químicas, hasta pueden hablar" por señales químicas. El tacto, la vista, la audición, el habla, "son modalidades y habilidades sensoriales que normalmente las pensamos sólo para los animales" señala la Dra. Hilker.-


En el artículo titulado "Las plantas también lloran", publicado en The New York Times y traducido para el Clarín, me encontré con interesantes explicaciones y comprobaciones experimentales de un equipo de biólogos e investigadores que afirman, como la Dra. Hilker, la gran sensibilidad e inteligencia de la cual son poseedores los vegetales.

Les dejo el enlace al artículo completo: Las Plantas también lloran

jueves, 14 de enero de 2010

Tierra:Arte de un mundo cambiante

Es  innegable el cambio por el cual está atravesando el planeta. Lo que hasta hace unos años era una probabilidad científica, ahora no necesita mayores conocimientos para confirmarse a diario ante los ojos de cualquiera: vivimos en un mundo cambiante, que ya no se mueve por el orden de ciclos establecidos; así mientras Europa se ahoga en la nieve, en América latina y los países tropicales el sol de un verano extremo se transforma en incendios forestales y sequías.

Somos testigos de una nueva época, de la transición a un nuevo mundo como resultado de nuestro impacto en el medio ambiente; este es el tema de la exhibición de arte contemporáneo de la Royal Academy of Arts de Londres titulada Tierra: Arte de un mundo cambiante, una muestra artística que logra impactar al espectador más allá de lo visual y le permite plantearse sus propias preguntas y sobretodo su postura particular sobre uno de los temas más importantes en la actualidad: el cambio climático.


Antti Laitinen, 'It's My Island I II and III', 2007

La exposición cuenta con cinco secciones en las cuales se hace un recorrido que parte de reconocer la necesidad de mantener el equilibrio con el planeta y  la belleza de los elementos que lo conforman, pasando por la Realidad percibida actualmente en donde encontramos la obra de artistas como Antti Laitinen, el rol del artista como intérprete de las acciones humanas y sus consecuencias en el planeta, hasta encontrarnos en una cuarta sección con la Destrucción y las consecuencias directas de las acciones humanas.


Yao Lu, 'Spring in the city', 2009

Como una apuesta por la vida y el mantenimiento del "único hogar que conocemos" como diría Carl Sagan, la exhibición termina con una Nueva realidad o una segunda oportunidad en donde todas las terribles profecías de la destrucción del mundo e incluso el año 2012 son superadas y la especie humana comprende su pertenencia a la naturaleza y el derecho de esta a existir.


De la muestra en general me causa bastante impacto la propuesta audiovisual de Emma Wieslander, que a mi visión particular juega con lo efímero de la memoria y la incapacidad, (a pesar de toda la tecnología humana) de recuperar los paisajes, las especies y la belleza extinta en este mundo cambiante...





Más información, videos, fotos y entrevistas se pueden encontrar en la página de la Royal Academy of Arts

miércoles, 6 de enero de 2010

Un futuro diferente

Empezamos la segunda gran década del siglo XXI, cada vez más cerca de las aplicaciones tecnológicas que tantas veces la literatura y la ciencia ficción han hecho posibles, con la certeza de la teletransportación, la nanotecnología, la alteración genética de las especies, como lo demostraron los científicos japoneses que entre sus creaciones pueden contar una nueva especie de pez completamente transparente. En fin, la década que terminó demuestra que el hombre es cada vez más semejante a Dios "el creador". -Sólo espero que en este caso el alumno no supere al maestro-

Un año nuevo, una época nueva y tantos dilemas controversiales que rodean nuestra existencia hacen inevitable pensar en el futuro, en un futuro diferente donde las singularidades que nos unen sean las que nos hacen "humanos" y realmente la especie más evolucionada del planeta. Pensar en un futuro diferente nos remite a una sociedad justa; donde la pobreza y la humillación de tantos hombres y mujeres, donde el hambre en un mundo completamente fértil; no sean más que un recuerdo vergonzoso.

Este nuevo futuro involucra además y de manera urgente un planeta distinto, realmente sostenible, en el que las creaciones humanas no signifiquen la destrucción de lo pre-existente. Desafortunadamente lograr este cambio requiere también hombres, especialmente líderes políticos diferentes: sensatos, conscientes, capaces de escuchar y tomar decisiones para el beneficio de aquellos a quienes representan, y sobretodo capaces de cumplir y mantener los acuerdos que representan toda una especie.


Mi deseo para esta nueva década sería sin mucho pensar, un compromiso verdadero de aquellos hombres poderosos que nos representan. Para que eventos como la reciente cumbre de Copenhage no sigan siendo una lamentable perdida de tiempo, una falta de respeto para todos los que a diario aportan desde su hogar al mantenimiento del planeta y una desalentadora confirmación de la extinción de lo que conocemos.