viernes, 2 de diciembre de 2011

Cenizas

Un día hice un pacto
dejar el orgullo de lado
y caminar con la confianza puesta en los pasos de otro
Después de morderme la lengua
y tirar esa piel de guerrero que me impedía enlazar el alma
actué con amor sin miramientos

Aquel pacto me hizo débil
el amor no era fortaleza
no era unión
Ahora que he de aferrarme a lo que sólo soy
el camino punza, hiere
y quien que me tomó de la mano
me abofetea con el orgullo del que nunca se despojó
me mira desde su egoísmo
mientras yo
deshago en llanto el amor
que no me deja abandonar el puente

martes, 22 de noviembre de 2011

TRES NUEVOS CHICOS EN LA PANTALLA

No son tres nuevas estrellas juveniles de la música o el cine, quizá no lleguen a ser realmente famosos ni conocidos y de hecho estoy retrasada con la noticia que quiero contarles pues fue oficial hace casi tres semanas.

Antes de cualquier otra cosa y jugando a lo que podría hacer un paparazi quiero pedirles que observen las diferencias significativas de estas imágenes, por los lados del 109:


Así es, los elementos químicos 110 al 112 ya tienen nombre. Los señores Darmstadtium (Ds), Roentgenium (Rg) y Copernicium (Cn), alemanes por supuesto, existen y como Frankestein son producto del trabajo cientifico, no se encuentran en la naturaleza como el Oxígeno o el Calcio, pero comparten un lugar en el mundo y en la tabla periódica con el resto de estos personajes sin los cuales, a pesar de no prestarles mucha atención, no podríamos vivir.

Les dejo el enlace a la noticia: Tres nuevos elementos químicos


miércoles, 9 de febrero de 2011

Paraíso e infierno en Colombia

El espíritu de los lugares "L'esprit des lieux" se titula una singular sección de la revista francesa Lire:, que en su edición de febrero, dedica su espacio a Colombia, con un artículo  lleno de buenas referencias literarias que si bien retratan un lugar encantador muestran además un panorama contundente y real que da cuenta de un desorden social desolador para cualquier lector, colombiano o extranjero.

Las palabras de García Márquez y Álvaro Mutis señalan el paraíso de un país rodeado de verdes montañas, ríos que efluyen con plena libertad, familias numerosas y aire caribeño. La creación del mito y del realismo mágico, de esas tierras inexploradas, donde lo inimaginable era posible.
Meunier y Abad faciolince, por su parte, apostando a una literatura menos inventada, más cercana a lo documental, retratan una Colombia "moderna", víctima del caos que sólo puede producir el exceso de abandono. La carencia de un gobierno honrado, la ausencia de justicia, de leyes pero también de oportunidades para todos aquellos que no se identifican con la nación, porque esta no les cobija.

Tristan Savin, autor de este perfil sobre Colombia, no señala nada nuevo. Los colombianos y en especial los bogotanos, (ciudad a la que tanto hace referencia), sabemos del desorden social que señalan él, Meunier y Abad Faciolince. Vivimos con miedo, miedo al desempleo, a la pobreza, a la inseguridad, miedo a preferir abandonar la región o el país para siempre en lugar de confiar en mejores tiempos e intentar trabajar por ellos.

Aún así siempre será devastador enfrentarse cara a cara con el infierno que consume este paraíso, ese que parece ser una avalancha y un sino que acompaña esta república desde su fundación muy a pesar de los colombianos.

¿Por qué este país que se sabe peligroso y sin embargo caluroso, atractivo, ha dado a los escritores tanto que contar? Sin duda porque él condesa, de manera extrema y bien resumida, la condición humana. Concluye Tristan.